122. UNA BASE EN ROTA. La mirada de 24 artistas sobre la Base americana

Anoche se inauguró en la Sala de Exposiciones del Marcado Central la exposición “ Una base en Rota. La mirada de 24 artistas sobre la base norteamericana” que estará abierta hasta el próximo día 31 en horario de 11 a 14 horas y de 20 a 23: 00 h. Los artistas se han  expresado a través de  pintura, fotografía, escultura y un pequeño cortometraje, así como con textos de opinión

Subimos a la Web tanto el material expuesto (a excepción del cortometraje por razones técnicas que intentaremos solucionar) como una serie de fotografías del evento que estará en la Galería de Fotos de la Web

“La Calabaza Rota”

 “La Calabaza Rota” nos quiere recordar la fragilidad de la existencia humana en este mundo.

Aquí en Rota la palabra base se refiere a la base militar americana que se instaló hace 50 años en los campos de Rota, donde se cultivaba la calabaza.

Puse las siluetas de los continentes en la hortaliza porque el mundo es la base en que vivimos. La calabaza como alimento también es una base importante, sin él no podríamos vivir. Y qué hace el hombre: guerra. La calabaza está rota.

Johanna Martín

5 de agosto de 2010

 

 

 

 

UNA BASE EN ROTA

La mirada de 24 artistas sobre la base americana

En 1953 España limitaba al norte con la democracia y al sur con la barbarie. En la frontera entre estos dos mundos quiso la historia emplazar a Rota. Un general americano la eligió como enclave estratégico para defensa de la libertad y un generalísimo hispano desterró a cientos de campesinos del lugar para salvar su propia dictadura. Se desplegaron aquí las armas atómicas occidentales que se opusieron a las bombas nucleares comunistas. Y alrededor de ellas, mientras moría la villa mayeta y se implantaba el poblado militar, empezó a nacer un pueblo de aire cosmopolita que abría sus puertas  a una vida nueva.

Nunca podrá nadie agradecer la oportunidad que tuvimos de recorrer mundo sin movernos de nuestros patios y casapuertas: conocimos la cultura pop, el jazz y el rock, los primeros electrodomésticos y la última moda, las elecciones americanas y las revueltas negras en pro de los derechos civiles, las etnias diversas con sus lenguas y sus gastronomías, ingeniosas maneras de entenderse y relacionarse, el trabajo bien pagado y las contratas millonarias, el autocine en versión original sin censura, los chevrolets fantásticos, los boyantes comercios, el esplendor de las modernas construcciones, las noches de sexta flota con sus luces y sirenas…

Siempre podrá alguien recordarnos con razón que aquí se vivió de la muerte, de las guerras de Corea, Vietnam, Oriente Medio o cualquier otra lejana región de la tierra. Ya se sabe que la guerra siempre ha sido un buen negocio del que cualquiera es capaz de sacar beneficio ocultando la sangre inocente en el saco del olvido. 

Nos parece ahora que todo eso pasó. Se fueron los Polaris, ya no desembarca la flota de las barras y estrellas, la base dejó de ser soberanía americana, unos cuantos retenes americanos se ocupan de complejos sistemas que aplican la ingeniería aeroespacial, la informática y las telecomunicaciones a complicadas misiones geoestratégicas en las que sofisticadas armas con potencia nuclear siguen siendo el factor decisivo (en Rota tienen trabajo para largo). Una bandera de España ondea en la base sobre personal e instalaciones antes dispersas por San Fernando, Cartagena y El Ferrol. Se ha cerrado la puerta de aquella vida envejecida y otra nos llega.

Fue todo tan repentino y tan fugaz como lo fueron aquellas chispeantes burbujas de coca-cola que descubrimos de niños, las picantes pompas del chicle chewing-gum, el inesperado sabor de las chocolatinas m&m, el humo del winston elaborado con tabaco de Virginia o el verde color de los dólares.

Se diría que todo fue un sueño malo y bueno. A estas alturas del despertar, Rota ya sabe de sobra qué fue de sus melones, su tomate, su calabaza y su sandía.  Pero quién no se para un rato y sin saber porqué se pregunta: ¿Rota, qué fue de tus putas, tus marines y tus proxenetas, tus barras americanas y tus sectas evangélicas, tus espías soviéticos y tus agentes de la cía, tus “otan-no-bases-fuera” y tus esbirros ultradefensores del imperio, tus estraperlistas de queroxeno-tabaco-vaqueros y tus traficantes de drogas y armas, los resentidos que no consiguieron sus deseos y los sinvergüenzas que engañaron y despidieron injustamente, tu rotiyanqui bien hablado, tus fariseos de doble moral y aquella gente honrada que mantuvo sus principios contracorriente…?

Que todos los americanos que quieran se queden con nosotros como villanos residentes, como inmigrantes con papeles o como turistas importantes, pero que dejen las armas en otra parte y  disfruten de la amabilidad de nuestro pueblo mientras se ponen rojos como cangrejos en la Playa de la Costilla. El turismo es un gran invento, mucho mejor que la guerra.     (Texto: Rafael Quiros)

Nunca se hubiera realizado esta exposición con la intención de hacer un alegato contra nada. Tampoco es el momento de lanzar proclamas, ni frases hechas, ni pancartas, ni rencores…aunque, cierto es, que algunas veces apetezca. Ya veremos mañana, cuando lleguen los próximos despidos, cuando Obama bombardee el próximo país indefenso o quizás cuando nos cambien el menú del Pizza Villa. Entonces, tal vez entonces, empezaremos a cuestionarnos nuestro eterno vallado, nuestro trabajo o nuestras comodidades. Entonces, miraremos hacia atrás, y nos preguntaremos el porqué una base militar se instaló de aquella manera, “sembró” en nuestra tierras asfalto, usurpó tierras y nos dejó mucha riqueza a través del empleo. Esto lo llevamos como estandarte, pero también como excusa. “Es el pan de mis hijos”, me repiten una y otra vez, a mí y a los que no estamos de acuerdo con seguir siendo un “puerto para la muerte”. Y yo les digo que también es el pan de mi tío, de mis primos, de mi vecinos…”, pero ¿por qué nunca supimos hacer una “base” de industrias, de alternativas o futuros diferentes? ¿Por qué nosotros no lo hicimos y sí lo hicieron todos los pueblos de nuestra comarca? ¿Qué hubiera pasado con Rota sin la Base Naval? La sinrazón nos llega a creer que nos hubiéramos muerto de miedo, de hambre, o de simple aburrimiento.
Perdimos nuestra rica huerta, un tercio de nuestra tierra, nuestras comunicaciones lógicas, nuestro amanecer… Nuestra “base” no hubiera dependido de la altura de su hipotenusa ni de sus catetos, ya que debió haber cogido otro rumbo, pero nos tocó este: tierras en barbecho, aviones estruendosos, trabajo, cáncer, desarrollo, ¿seguridad?, comodidad, ¡Tantas cosas!
Y al final, el mayeto.
Solo, desamparado y extinguido. Le dieron pan, y todos fuimos tontos. Quizás listos, quizás tontos… quizás ricos, quizás pobres… esta es la parábola roteña, nuestro extraño laberinto interminable, con casi sesenta años, y aún así, medio clandestina, todos la conocemos pero nadie habla de ella, la base está ahí pero ahí se quedó. No nos influye tanto como debiera, ya que casi nunca se habla del “tema”.
Por eso, esta exposición es casi un milagro, un soplo de aire fresco de aquellos que ya afortunadamente no tenemos nuestras miras puestas en un puestecito de trabajo amén de los americanos.

Que vivan los pinceles y las manos libres.                                                (texto: Manuel Martín-Arroyo Camacho)

EL PERAL DE LA BASE.

Cuando distinguió a lo lejos la alambrada, redujo la velocidad, pero no vio nada extraño en el horizonte, aquel paisaje que podría reconstruir de memoria, con los ojos cerrados. Sin embargo, al girar a la derecha en el cruce empezó a echarlo de menos. No puede ser, murmuró, no puede ser, y puso el intermitente, se paró en el arcén, miró con más atención y no lo vio.

“Un día, en un despacho de Madrid, alguien decidió colocar allí una base norteamericana”

–¿Qué pasa? –su mujer, acostumbrada a aquel hito de desaceleración y silencio que marcaba todos sus viajes al pueblo, desde hacía tantos años, le dirigió una mirada de inquietud. … Ver más… Ver más

–No está –contestó él, mientras abría la puerta–. El peral no está, no lo veo.

Quizá estaban terminando los años sesenta, quizá los setenta habían empezado ya. No se acordaba con exactitud de la fecha, pero siempre recordaría aquel día en el que por fin logró traspasar con su padre las puertas de la base. Hasta aquel momento se consideraba un privilegiado sólo por ser hijo de un roteño que tenía la suerte de trabajar para los americanos. Eso era ya muy importante, porque le daba acceso a un montón de pequeñas cosas maravillosas, como las palomitas envasadas en una sartén de papel de aluminio que su madre hacía en la cocina de su casa, o la mantequilla de cacahuete que no se encontraba en las tiendas del pueblo, los bizcochos instantáneos y la ropa, cazadoras, vaqueros, gorras que le distinguían de los demás, los pobrecitos que no tenían manera de traspasar las puertas del Paraíso.

Y aquel día, él llegó a estar dentro, en el corazón de la opulencia, del poderío, de la buena vida y la mejor música del mundo sonando en todos los altavoces, y todavía más, porque le invitaron a entrar en un portaaviones y llegó hasta arriba, hasta una autopista donde le resultó imposible creer que estuviera de verdad dentro de un barco, y luego se montó en un avión, y vio aterrizar un helicóptero, y todos los americanos fueron muy amables, y ninguno dejó de sonreírle mientras mascaba chicle con mucho arte. Eso fue lo que pensó él, eso fue lo que sintió, y que era partícipe de aquella grandiosidad, aquella extranjera y sublime magnificencia, hasta que su padre le invitó a un helado, mucho mejor que cualquier helado español, adónde iba a parar, y de repente se dio cuenta de que su madre y su tía habían desaparecido.

Vamos a buscarlas, le dijo su padre, como si supiera de sobra dónde estaban, y efectivamente las encontraron enseguida, dos mujeres españolas, vestidas como las mujeres españolas, tan antiguas con sus faldas y sus zapatos de vestir, aquellas chaquetas cruzadas con los brazos debajo del pecho, allí estaban las dos, en medio del campo, llorando. Estaban llorando y él no lo entendía, lloraban en silencio, sin hacer ruido, mirando hacia delante, a un árbol como cualquier otro árbol, y a él todavía le quedaba la mitad del helado, y lo lamía, lo disfrutaba con toda la boca y no entendía nada, por qué lloraba su madre, por qué lloraba su tía, si aquello era guay, superguay, y tenían la suerte de estar en la base, allí dentro, donde todo era mejor, y más bonito, y más chulo, y más moderno, y más barato…

Ese peral lo plantó tu abuelo, le dijo su madre, sólo eso. Luego, su padre le pasó un brazo por el hombro, la condujo de nuevo hacia el coche, y volvieron a casa sin hablar. Después, mucho después, él se enteró de la verdad, del verdadero precio de aquel día fabuloso, de los helicópteros y los portaaviones, la desesperación de los hombres como su abuelo, arrendatarios de las huertas sobre las que un buen día, en un despacho de Madrid, alguien decidió colocar una base norteamericana. A los dueños de las tierras les obligaron a aceptar unas indemnizaciones que daban vergüenza. A quienes las trabajaban desde hacía décadas, ni eso, sólo la oportunidad de irse a vivir en medio de ninguna parte, a un poblado artificial, improvisado, a más de cincuenta kilómetros de Rota, sin escuela, sin alcantarillado, sin aceras, sin futuro. Su abuelo no quiso mudarse a Nueva Jarilla y se quedó con lo puesto, una mano delante y otra detrás, para que su nieto pudiera comprender, muchos años después, cómo son las cosas guay del Paraguay.

Y él sí se fue, se marchó primero cerca, después más lejos, pero nunca dejó de volver a su pueblo, y nunca dejó de quererlo, con el intenso amor que inspiran las cosas complicadas, más dignas de amor cuanto más complicadas. Y siempre, desde siempre, al llegar buscaba la sombra del peral de su abuelo como una contraseña, un indicio, otro nombre de sí mismo. Hasta hoy, porque hoy ya no está, aunque mientras él viva, piensa al volver al coche, al arrancarlo, al continuar su camino, aquel árbol nunca morirá del todo.

(Aquel peral lo plantó el abuelo de Miguel Sánchez Romero. Y de Miguel, que me regaló el relato de su euforia y de su desconcierto, es esta historia).  (Texto: Almudena Grande)

MARTES 31: CLAUSURA CULTURAL DE LA EXPOSICIÓN

KESSIS

Anoche se clausuró la exposición “UNA BASE EN ROTA. La mirada de 24 artistas sobre la Base americana que se inauguró el pasado 5 de Agosto.
Una clausura que contó con la actuación del grupo KESSIS, con Gema López Marchante (voz), Luis Periñan Tamariz-Mastel (guitarra) y Beatriz Fernández (violín).


que nos ofrecieron un precioso recital al que pusieron broche con una musicalización de la poesía de Alberti “Rota Spain, norteamericana?, muy venida al momento.
Finalmente sería ALAN BIKE que también se llevó su guitarra quien terminó acompañando musicalmente el acto.

(Mas fotos del evento en el album de la exposición en la Galería de fotos)

10 Responses to 122. UNA BASE EN ROTA. La mirada de 24 artistas sobre la Base americana

  1. David dice:

    Dejemosno de tanta demagogia. Los guirris es verdad que cambiaron la historia del pueblo, quitando una gran parte del pueblo que era los terrenos de la base ( mi abuelo era uno de esos mayetos que decidió quedarse en Rota ). Trajeron bombas, en la zona el indice de cancer es superior a otras etc…pero también trajeron prosperidad, riqueza y algunos de los que criticais al imperio yanky pudísteis estudiar gracias a ese desarroyo. Para bien o para mal es la historia de nuestro pueblo, mejor sería que le metieramos caña a los políticos Españoles que se están cargando el país.

  2. A dice:

    Todo esto que nos cuenta David es totalmente cierto, pero lo que no podemos olvidar es que es un recinto bélico, destinado a la guerra, de donde salen aviones cargados de bombas para matar personas, claro que todo esto es mejor, más fácil no pensarlo y quedarnos con la prosperidad que nos dieron, verdad?

  3. gentederota dice:

    Mas fotos de la Clausura Cultural de la Exposición en la Galería de Fotos en el album de la exposición

  4. Qurro Jungle dice:

    Muy buena galería, exquisita, felicidades a todos
    Me encanta, este pueblo está lleno de ideas

    La próxima vez me gustaría también participar, podéis contar conmigo siempre.
    Tenía un boceto muy avanzado de lo que quería exponer, en un tablón de …3x1metros… pero se me pasó el arroz… la próxima vez estaré más atento al percal

    Un saludo

  5. Lorena García dice:

    me gustó mucho, ojalá sigan haciendo estas cosas absolutamente refrescantes. se agradecen.

  6. Migita Dakota dice:

    Estuvo estupendo. Gracias Lokatiiiii!!!!!!

  7. Qurro Jungle dice:

    no pude ir a la clausura
    aun así un aplauso artistas

  8. Sonia Rapanui dice:

    Me hubiera gustado estar. Enhorabuena a tod@s. Una exposicion fantastica

  9. Jose Antonio Ramirez Crespo dice:

    Tenemos aun mucho que aprender lokati: a ponernos delante del micro cuando hay algo que contar y no pasarlo al politico que siempre habla de si mismo, a reclamar un trato digno porque nuestra unica pretension es enseñar y aprender de paso,… a no sufrir por lo que sólo son opiniones (no todo el mundo debe estar de acuerdo con lo que estamos proponiendo)…
    A valorar con optimismo el espaldarazo que han tenido estas iniciativas ( el público en Rota se siente maduro para que se sigan abriendo debates)…y, a los artistaa a no ser demasiado tímidos con sus puntos crticos.
    Enhorabuena a todos, esto es muy saludable…

  10. Qurro Jungle dice:

    digo Jose Antonio, Rota siempre ha tenido oculto como un tesoro mucho Arte, en el baúl de la bohemia. Esa bohemia entre sus calles, el encanto de El Torito, el acojedor taller de el Navas, los excéntricos carteles del Meteoro, las peculiare…s ocurrencias del Calabaza, el verde nirvana del bar de Mimi, los conciertos de grupazos locales que cada dos por tres tocan por aquí y por allá en el pueblo. Y más gentes que me dejo.
    Muchas visiones, estilos y matices, todos en común por nuestra villa. Siempre me he sentido agusto con lo que tenemos aquí.
    Pero toda virtud tiene su antítesis, que en este caso son los catetos, que sólo aspiran a ser políticos, y sonríen falsamente a estas nuevas ideas.
    Pero el pueblo bohemio es tan auténtico que estas galerías, proyectos y sinergias siempre tendrán lugar. Sólo hay que creer como has dicho, y disfrutar siempre del resultado. Y ahora que viene el otoño, tenemos más espacio tanto en las calles como en nuestro espíritu para emprender más fantasías autóctonas.

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